‘Superé la adicción y me volví terapeuta’

Entrevista publicada por el diario  La Opinión de Cúcuta, el 3 de febrero de 2019.

Mi primer contacto con el alcohol fue en una fiesta familiar, cuando tenía 14 años. Probé cerveza  por curiosidad. Las ocasiones en la que buscaba el trago se volvieron más frecuentes.

Cuando tenía 24 y estudiaba Mercadeo y Publicidad en una universidad de Cúcuta, mi mundo cambió. Un día pasé horas tomando. Estaba borracha. Tomé la moto para devolverme a casa. Tuve un accidente y en un momento sentí que estaba más allá (de la muerte), que de acá. Toqué fondo. 

Salí ilesa por la gracia de Dios, porque el choque fue bastante duro. Al día siguiente, ese remordimiento, esa culpa, ese guayabo moral, no me dejaba respirar. 

Caí en cuenta de que todo mi contexto sabía que yo tenía un problema de alcohol, que todos buscaban ayudarme, pero yo fui la última en aceptarlo. Entonces llamé a mis papás y les pedí ayuda.

Ellos ya habían ubicado un sitio en Bogotá para rehabilitarme. Entré a un tratamiento de 8 meses que me hizo consciente de lo que estaba sucediendo con mi vida.

En terapia entendí que la separación de mis padres, cuando tenía 5 años, fue un detonante para ir cargando muchas cosas. Le tenía miedo a esa sensación de abandono y me refugiaba en el alcohol.

Esta transformación la viví hace 11 años y dos meses. Superé esos síntomas que nos atacan en estado de abstemia, como los desórdenes de sueño, los cambios drásticos de ánimo, la irritabilidad, la negatividad. Dese entonces no he tenido ningún contacto con el licor. Ahora tengo 35.

Sé que la adicción es una enfermedad incurable pero nosotros tenemos la autonomía de detenerla, por eso debemos tener cuidados mínimos diarios.

–¿Cómo prevengo las recaídas? Con una red de apoyo. Mi familia me sostuvo en momentos de ansiedad. A pesar de los años, sigo yendo a terapia sicológica, asisto a grupos de apoyo y leo mucha literatura que tenga que ver con adicciones.

Decidí estudiar Sicología en la Universidad Cooperativa de Colombia y luego un diplomado sobre Farmacodependencia y Terapia en Adicciones.  Por varios años trabajé en centros médicos en Bogotá y Medellín.

No ha sido fácil, pero acá estoy dando testimonio de vida a aquellos que padecen una adicción,  contándoles mi experiencia y cómo me he preparado para estar hombro a hombro, con ellos, para ayudarlos a salir de ese barranco oscuro.

Transformación

Así narra su historia la cucuteña Vianny Robles Fernández, quien hace dos años conformó un equipo multidisciplinario para abrir la Fundación Solo Por Hoy (FSPH) en Medellín, para brindar un tratamiento especializado al adicto bajo el modelo Minnesota.

“Se trata de un sistema integral, basado en los Doce Pasos de los Alcohólicos Anónimos, que parte del hecho de que la adicción es una enfermedad sin cura conocida, pero con una recuperación posible”, explica la especialista.

La adicción tiene una raíz multifactorial. Es decir, deriva de un componente genético (padres consumidores), de un contexto ambiental (amistades) y de factores de personalidad (baja autoestima, inseguridad, etcétera).

El camino de la recuperación es espinoso. Hay recaídas. Pero la terapia y el apoyo familiar es clave para rehabilitar a un adicto a sustancias químicas como el alcohol o los estupefacientes, según da cuenta Robles.

Cuando el adicto se hace consciente de su enfermedad, el tratamiento en ese tipo de centros especializados inicia con un diagnóstico del psiquiatra. Continúa con el toxicólogo, los psicólogos y los trabajadores sociales (para involucrar a la familia).

Ya que el objetivo es que el paciente, cuando se rehabilite, encuentre un contexto y una dinámica familiar diferente. Robles subraya: “Buscamos que ellos se cuiden solitos, sin que creen una dependencia a la fundación, ni caigan en ese espiral de entrar, salir, recaer y volver a ingresar”.

Es así que la parte recreativa juega un papel fundamental, con un buen uso del tiempo libre. para evitar que “aparezcan ideas de volver a buscar las antiguas amistades, frecuentar los sitios de antes o retomar las rutinas”.

Panorama en Cúcuta 

Según datos que maneja la FSPH, el consumo en Cúcuta de alcohol y drogas empieza a los 13 años, incluso más temprano.

En el caso de la heroína, el Observatorio de Drogas del Ministerio de Justicia (ODC) apunta a que hay más de 2.000 adictos a ella en la ciudad.

Frente a las desalentadoras estadísticas, el mensaje de la sicóloga es a la sociedad. “La adicción va más allá de la voluntad del ser humano. Estas sustancias afectan la parte prefrontal del cerebro, que es la parte de la toma de decisiones”.

“Inicialmente la persona consume por placer, pero en el transcurrir, ya hay un dolor emocional y para evadirlo, busca la sustancia para sentirme mejor. La clave está en identificar las verdaderas razones y para ello se necesita intervención médica y psicológica”.

Es una enfermedad mortal y de cuidado, con altos factores de riesgo, ya que puede llevar al adicto a la cárcel, a la calle o al cementerio.

Ante esta realidad, infortunadamente en Cúcuta, no existe un centro especializado en adicciones; por lo que los pacientes deben trasladarse a otras ciudades para tratarse. Y las EPS, “hasta el momento, no brindan el acceso total a un plan de recuperación”.

Vianny Robles, a través de la Fundación Solo Por Hoy, espera poder apoyar a los afectados y sus familiares. Por ahora, desde su centro en Medellín; pero su anhelado sueño es traer este centro a la ciudad que la vio nacer, para devolverle la esperanza a sus paisanos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *